Comprar un auto usado suele ser la puerta de entrada al mundo de la movilidad propia para miles de conductores. Pero en ese camino hay una trampa silenciosa que puede convertir una buena oferta en un dolor de cabeza: la manipulación del kilometraje. Más conocida como “bajar los kilómetros”, esta práctica continúa presente en el mercado y obliga a mirar con más atención el tablero antes de cerrar un trato.
El engaño parte de una premisa simple: un vehículo con menos kilómetros recorridos resulta más atractivo y puede venderse a mejor precio. En el mercado de segunda mano, el desgaste mecánico suele asociarse directamente al kilometraje registrado, por lo que alterar esa cifra permite ocultar el uso real del auto y mejorar su cotización.
El problema no es menor. La manipulación del odómetro constituye una estafa que engaña sobre el valor real del vehículo y puede traducirse en gastos inesperados en reparaciones o mantenimiento, además de implicar riesgos para la seguridad vial.
Lo más inquietante es que se trata de un fenómeno extendido. En Perú, las modificaciones del tablero o sistemas digitales se describen como más comunes de lo que muchos compradores imaginan, lo que obliga a extremar la atención antes de adquirir un usado. Incluso a nivel internacional, estimaciones recientes sugieren que millones de autos circulan con el kilometraje alterado y que el fraude sigue creciendo debido al acceso a herramientas electrónicas baratas que facilitan la manipulación.
La técnica tampoco es compleja: desde ajustes mecánicos en odómetros antiguos hasta la conexión de dispositivos electrónicos en vehículos modernos, el proceso puede realizarse con relativa facilidad y a bajo costo. En muchos casos, la reducción típica del registro puede oscilar entre decenas de miles de kilómetros para mantener la modificación dentro de rangos creíbles.
Ante este escenario, la prevención se vuelve clave. La recomendación pasa por contrastar el estado físico del vehículo con lo que indica el tablero, revisar historiales de mantenimiento y recurrir a una inspección técnica antes de comprar. Al final, el kilometraje funciona como la “edad” del auto: un indicador que, bien interpretado, ayuda a anticipar su vida útil y evitar sorpresas costosas.
En un mercado donde las oportunidades abundan, la pregunta que queda flotando para cualquier comprador es inevitable: no basta con ver los números en el tablero; entender su historia puede marcar la diferencia entre una buena compra y una experiencia frustrante.