En los últimos días, muchos usuarios de vehículos convertidos a Gas Natural Vehicular (GNV) se han visto obligados a usar gasolina ante la escasez del combustible en algunas estaciones de servicio. El problema es que esta decisión, aunque inevitable para seguir circulando, implica utilizar un combustible considerablemente más contaminante.
Según datos de Infogas, en el país existen alrededor de 350.000 vehículos que funcionan con GNV, mientras que otros 650.000 operan con Gas Licuado de Petróleo (GLP). En conjunto, se trata de cerca de un millón de unidades que dependen de combustibles gaseosos como alternativa a la gasolina o al diésel.
El GNV es considerado uno de los combustibles fósiles más limpios disponibles para el transporte. Su composición, basada principalmente en metano, permite una combustión más eficiente y con menores emisiones contaminantes.
Diversos estudios señalan que el GNV puede emitir hasta 25% menos dióxido de carbono (CO₂) que combustibles convencionales como la gasolina. Además, genera menores emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx), compuestos asociados con la formación de smog y problemas respiratorios.
A diferencia del diésel, el gas natural tampoco produce partículas sólidas, uno de los contaminantes más peligrosos para la salud en entornos urbanos.
Por esta razón, su uso ha sido promovido durante años como una alternativa para reducir la contaminación del aire en ciudades con altos niveles de tráfico, como Lima.
Cuando un vehículo diseñado para operar con GNV recurre a la gasolina, el impacto ambiental cambia de forma significativa. La gasolina genera mayores emisiones de dióxido de carbono y otros contaminantes atmosféricos.
En términos generales, la gasolina puede emitir hasta 25% más CO₂ que el GNV, lo que implica un aumento directo en la huella de carbono del transporte cuando se produce este cambio de combustible.
En otras palabras, si una parte significativa de los 350.000 vehículos a gas natural comienza a utilizar gasolina de forma temporal, las emisiones del parque automotor podrían incrementarse en las zonas urbanas.
El Gas Licuado de Petróleo (GLP) también se ha consolidado como una alternativa frente a los combustibles tradicionales. En el Perú incluso supera al GNV en cantidad de vehículos.
Los autos que utilizan GLP generan entre 10% y 15% menos CO₂ que la gasolina, lo que representa una mejora en términos ambientales. Sin embargo, este combustible sigue siendo más contaminante que el GNV, con emisiones que pueden ser aproximadamente 20% más altas que las del gas natural.
Al igual que el GNV, el GLP produce menos partículas contaminantes que el diésel y menores emisiones de óxidos de nitrógeno que la gasolina.
Más allá de los problemas de abastecimiento y del impacto económico para los conductores, la crisis del gas también revela un efecto colateral poco visible: el posible aumento de la contaminación vehicular.
El GNV ha sido una de las herramientas más importantes para reducir las emisiones del transporte en el país. Por ello, cualquier interrupción en su suministro no solo afecta la movilidad diaria de los conductores, sino también los avances en materia de calidad del aire.
En un parque automotor donde casi un millón de vehículos utilizan combustibles gaseosos, garantizar el abastecimiento de gas natural resulta clave no solo para la economía de los usuarios, sino también para el medio ambiente.