¿Por qué algunos autos en China usan luces turquesas y qué significa realmente en la vía?

En medio del acelerado desarrollo de la conducción autónoma, China comienza a mostrar una tendencia que podría marcar el futuro de la movilidad: el uso de luces turquesa para identificar vehículos que circulan con algún nivel de automatización.

Aunque no se trata aún de una norma obligatoria a nivel nacional, varias ciudades y fabricantes han empezado a implementar este distintivo visual como una forma de comunicación directa con el entorno. La lógica es simple: hacer evidente, de un vistazo, que el vehículo no está siendo conducido activamente por una persona.

Este color, a medio camino entre el azul y el verde, no fue elegido al azar. La industria lo considera ideal porque no se confunde con otras luces reglamentarias del automóvil, como las direccionales, freno o emergencia. Así, reduce el riesgo de interpretación errónea por parte de otros conductores y peatones.

Además, estudios han demostrado que el turquesa ofrece ventajas en visibilidad y percepción frente a otros colores, lo que facilita su identificación en distintas condiciones de tráfico.

El concepto no nació en China. Marcas como Mercedes-Benz ya venían probando esta solución en vehículos con conducción autónoma de nivel 3, donde el sistema puede asumir el control en ciertas situaciones, aunque el conductor debe estar listo para intervenir.

Lo interesante es que el mercado chino, hoy el más dinámico en electrificación y software automotriz, está acelerando su adopción a gran escala. En un ecosistema donde conviven robotaxis, asistentes avanzados y vehículos cada vez más autónomos, la necesidad de “explicar” visualmente qué hace el auto se vuelve clave.

En la práctica, estas luces suelen ubicarse en faros, espejos o tiras LED exteriores y se activan únicamente cuando el sistema autónomo está en funcionamiento. No indican que el vehículo esté vacío, sino que el control dinámico recae en el software.

Más allá de lo estético, este recurso abre un nuevo capítulo en la interacción entre humanos y máquinas. Así como las luces diurnas mejoraron la visibilidad en carretera, el turquesa podría convertirse en el idioma universal de la conducción autónoma.

Por ahora es una tendencia en fase de prueba, pero todo apunta a que, en pocos años, ver un auto “brillando en turquesa” dejará de ser una rareza para convertirse en parte del paisaje vial cotidiano.