No hay que tomar largos vuelos para conseguir paisajes de ensueño; solo bastan seis horas para llegar a Cajatambo, una provincia ubicada al noreste de Lima. Desde sus cercanías logramos contemplar la majestuosa Cordillera de Huayhuash. Nieve, granizo y lluvia son parte del paisaje en estas fechas, agregando adrenalina a nuestra ruta. Esta vez llegamos con el recién presentado Isuzu pick-up.
La ruta hacia Cajatambo toma unas seis horas, partiendo desde Lima. Tomamos la Autopista Panamericana Norte y manejamos hasta el óvalo Río Seco, donde ingresamos a la carretera Sayán-Huaral. Después llegamos a Churín y luego seguimos hasta Cajatambo. Cabe tomar en cuenta que hasta la altura de Oyón la carretera es de doble sentido; después es una vía de un solo carril. Por esa razón, es recomendable visitar este lugar siempre y cuando se tenga experiencia en este tipo de carreteras, pues muchas veces debemos orillarnos al borde del abismo o retroceder grandes tramos para dar paso a tráileres y camiones.
La ruta con el Isuzu pick-up fue realmente sencilla, ya que es un vehículo de gran potencia y con tracción 4x4. Nosotros salimos de noche y llegamos a Churín alrededor de las 10 p. m. Durante el tramo Lima-Churín pudimos conocer el desempeño del vehículo. Por ejemplo, un aspecto importante fue la iluminación LED, muy útil por la potencia que tiene. De igual forma, al pasar por la neblina del Serpentín de Pasamayo, encendimos los faros neblineros de luz amarilla, mejorando nuestra visibilidad ante la poca claridad.
En este inicio de la ruta también alcanzamos altas velocidades tras salir del tráfico de Puente Piedra. Cuando pasamos la neblina de Pasamayo, aceleramos y comprobamos que a más de 100 km/h tiene una buena estabilidad respecto a sus rivales. Es decir, no es que tomemos las curvas pegados como un auto deportivo de 1,40 metros de altura, pero aun así las ruedas se mantienen bien adheridas al suelo. Hay momentos en los que la fuerza centrífuga quiere sacarte hacia afuera; por ello, es necesario cortar la curva o realizar un trazado abierto. Igual, es necesario mencionar que este tipo de fuerzas físicas son típicas en este segmento, donde los vehículos tienen una media de 1,80 metros de altura.

Respecto al adelantamiento de otros vehículos, los 188 hp son más que suficientes para superar con suma facilidad a camiones e incluso autos de menor cilindrada. Un aspecto importante es que realizar esta maniobra puede significar elevar las revoluciones por minuto (rpm) en vehículos con motores más pequeños, pero con el Isuzu pick-up se supera la maniobra casi sin esforzar el motor. Como ya lo mencionamos en la presentación, se trata del bloque 4JJ3 de 3,0 litros turbodiésel con cuatro cilindros. Genera 450 Nm entre las 1.600 y 2.600 rpm. Es un motor grande que entrega mucha fuerza a bajas revoluciones.
Alguien que no conoce del tema podría alegar que, al tener un motor tan grande, el consumo sería elevado. No obstante, tal como luego lo detallaremos, nuestra media de gasto fue de 47 km/galón, una cifra muy buena considerando el tamaño del vehículo. Por cierto, este resultado lo logramos con su transmisión manual de seis velocidades; la versión AT es otra historia que aún no conocemos.

Sobre la altura, casi no se percibió, puesto que Churín apenas está a 2.200 metros sobre el nivel del mar. El clima estaba templado y solo llovía un poco. Tras pasar la noche allí, al día siguiente partimos hacia Cajatambo. Solo demoramos media hora para llegar al cruce de Oyón, donde tomamos el desvío hacia la izquierda e ingresamos a la carretera de un solo carril.
Desde aquí hasta Cajatambo, la gran mayoría de las pendientes son ascendentes. Aproximadamente a la mitad del camino de este tramo alcanzamos el punto más alto de toda nuestra ruta. Pasamos por Punta Chanca, a 4.847 metros de altura, ligeramente más alto que Ticlio (4.818 msnm). Enseguida divisamos la laguna de Tucto, donde bajamos a tomar una fotografía.

A continuación, seguimos por la carretera y observamos la minera Candelaria. Aunque ver la infraestructura no fue algo excepcional, sí lo fue observar a los trabajadores jugar fútbol a más de 4.500 metros de altura. Si bien no había un estadio, este campo de juego está incluso más alto que el Estadio Daniel Alcides Carrión (4.378 msnm), complejo deportivo sede del Club Deportivo Unión Minas en Cerro de Pasco.
Una hora después, llegamos a Cajatambo. Si bien casi toda la ruta es un tramo asfaltado, las constantes curvas cerradas no permiten superar los 50 km/h. De igual forma, es recomendable tocar el claxon para evitar accidentes.
En los tramos donde no hay asfalto, los neumáticos pueden patinar ligeramente, pero de todas formas son zonas superables con cualquier tipo de tracción, al menos en las condiciones de aquel día. Debido a la temporada actual, las trochas podrían empeorar, por lo que primero se debe consultar a los pobladores. En cualquier caso, la ventaja del Isuzu pick-up es que cuenta con tracción 4x4 y caja reductora (2H-4H-4L).


En Cajatambo visitamos su plaza y comimos el pollo en punto de cuy, un plato típico de la zona. En cuanto al turismo, hay varios atractivos entre cataratas, lagunas y miradores, pero los baños termales de Guñog son el atractivo turístico más conocido. Dependiendo del estado de la carretera, llegar puede demorar entre una y una hora y media. En esta ocasión, la trocha ya tenía muchos baches y estaba cubierta de piedras que caen de las laderas, por lo que demoramos una hora y quince minutos.

Las medidas específicas de este pick-up las puedes revisar en nuestra nota de presentación, pero en este tramo de la ruta es importante saber que tiene 235 mm de altura libre al suelo, por lo que es casi imposible que el chasis se golpee al caer en un bache. Al mismo tiempo, es un alivio saber que cuenta con un patín que protege la zona baja del motor y la transmisión.

De hecho, esta pieza fue fundamental, ya que en el camino de ida hacia los baños termales pasamos por una trocha con mucho barro. Las llantas se hundieron y sentíamos cómo la “panza” del vehículo empezaba a rozar con el lodo, de modo que este equipamiento resulta muy útil cuando obligatoriamente se deben afrontar este tipo de caminos.
En la trocha también conocimos más sobre la suspensión, especialmente la trasera. Como no es novedad, Isuzu utiliza muelles en este eje para soportar una tonelada de carga. Si bien es una ventaja para ese fin, las hojas de muelle semielípticas no son las más cómodas del segmento. Sin embargo, el trote fue mínimo. Solo cuando involuntariamente entrábamos en un bache cubierto por agua a 25 km/h, la tolva tendía a rebotar.
Un punto a tomar en cuenta es que Google Maps no tiene cargada una ruta hasta los baños termales, por lo que es muy importante preguntar a los moradores sobre el camino correcto. En nuestro caso, perdimos media hora tras divisar un letrero que decía “Guñog” junto a un aparente estacionamiento, pero en realidad era el inicio del sendero para llegar caminando. En lugar de ello, se debe seguir por la carretera en ascenso que parece perderse, pero que sí conduce al destino.

Luego regresamos sin inconvenientes hasta llegar nuevamente a la trocha húmeda donde antes habíamos pasado lentamente para no raspar la “panza” del vehículo. Tras esa primera experiencia, decidimos pasar por el costado, donde aparentemente el barro estaba seco. Lo hicimos habiendo conectado la tracción 4H, pero caímos y quedamos atascados. Aquel barro “seco” era una trampa, pues solo la superficie estaba seca, mientras que la parte inferior estaba lodosa. Al caminar, apenas me hundía unos 10 cm, pero cuando el vehículo pasó, calculamos cerca de 25 cm. Un poco más que el despeje libre al suelo, pero no pasó a mayores. Aun en 4H, acelerábamos hacia adelante y atrás, moviendo el timón, pero el vehículo estaba completamente atascado.

En ese momento pensé que iba a tener que sacar la lampa, pero simplemente activé la tracción 4L, puse retroceso y las ruedas empezaron a girar lentamente hasta sacar el vehículo de aquel barro. Luego, ya que estábamos en 4L, cruzamos nuevamente la trocha por el trazado original, asumiendo que la “panza” del vehículo debía rozar inevitablemente.

La vuelta demoró casi ocho horas, ya que, a pesar de llegar a Lima alrededor de las 10 p. m., había un tráfico intenso desde Puente Piedra hasta Caquetá. Al mirar el odómetro, recorrimos 704 km reales y consumimos tres cuartos de un tanque de 21 galones. Es decir, podría llegar entre 800 y 850 km si hubiéramos seguido manejando hasta alcanzar el testigo de reserva. Tras nuestra experiencia, al dividir los 704 km recorridos entre los 15 galones consumidos, obtuvimos un consumo de 47 km/galón.