La transición hacia la movilidad eléctrica en el Perú avanza entre expectativas y cautela. Mientras el mercado suma nuevas alternativas electrificadas y las marcas ajustan sus estrategias, un aspecto menos visible pero crítico empieza a cobrar protagonismo. Nos referimos a la disponibilidad de técnicos especializados capaces de mantener y reparar esta nueva generación de vehículos.
Más allá de la infraestructura de carga o los incentivos regulatorios, la sostenibilidad del ecosistema dependerá de su capital humano. Instituciones educativas y actores del sector coinciden en que el país ya dio los primeros pasos, aunque la preparación aún está lejos de consolidarse.
La llegada de la electromovilidad no supone solo cambiar un tren motriz por otro. También implica redefinir las habilidades técnicas necesarias para atender vehículos cuya arquitectura combina electrónica avanzada, software y sistemas de alto voltaje.
Desde el sector educativo, la percepción apunta a un escenario mixto. Para Benjamín Aróstegui, director de la escuela de ingeniería de Cibertec, existe una base para avanzar, aunque el proceso recién empieza.
“En principio te diría que el Perú está preparado; sin embargo, hay que ser conscientes de que todavía estamos en los inicios del tema de la electromovilidad”. El especialista explica que la capacitación no puede limitarse a la teoría o a cursos aislados, sino que requiere acceso a información técnica y equipamiento real.
“No basta que muchas instituciones incorporen un curso que se llama electromovilidad; el reto es tener acceso a la información técnica y a vehículos eléctricos dentro de los talleres de formación académica”. Este punto refleja una coincidencia estructural dentro del sector, puesto que la formación práctica sigue siendo el principal obstáculo.
Aunque reconoce avances, Aróstegui considera que el desarrollo del capital humano no avanza al mismo ritmo que la llegada de unidades electrificadas al país. “Considero que las marcas de autos están preocupadas en ese aspecto. A medida que sigan llegando más vehículos electrificados, vamos a necesitar técnicos que hagan el diagnóstico”.
Al mismo tiempo, esta brecha permite identificar que los pocos técnicos de vehículos electrificados están concentrados en los talleres de los concesionarios. Por lo tanto, hoy es casi imposible realizar diagnósticos o mantenimientos de estos carros en talleres independientes. Por ende, la dependencia de concesionarios para el mantenimiento sigue siendo una realidad.
Frente a ello, Aróstegui prevé que el escenario evolucione conforme se masifique el conocimiento y egresados especializados abran nuevos espacios de servicio. “En la medida que se pueda masificar el conocimiento, va a ser una cadena de soporte más grande”.
Una mirada similar comparte Juan Carlos Latorre Boza, jefe del departamento de mecánica y aviación en Tecsup, quien también identifica una etapa inicial de desarrollo formativo.
Según el especialista, la preparación técnica aún no alcanza la velocidad que podría requerir una futura masificación de vehículos electrificados, pero existe un interés creciente desde la industria. “Estimo que unos cinco años podríamos estar listos, ya que veo mucho interés de las marcas; están trayendo más equipamiento y nuevas empresas quieren implementar centros de entrenamiento”.

Latorre subraya que la electromovilidad implica un cambio en el perfil técnico requerido, donde la electrónica y la seguridad adquieren mayor protagonismo. “En un carro eléctrico importa más la electrónica que en uno a combustión… y aquí de sobremanera importan las competencias de seguridad industrial y prevención”.
El trabajo con sistemas de alto voltaje exige protocolos estrictos y equipos de protección específicos, lo que redefine el estándar de capacitación. “Una mala manipulación, una mala conexión… puede generar un accidente serio. Por eso el técnico tiene que ser más riguroso en el uso de protección”.

Si bien ambos especialistas coinciden en que el país está en proceso de preparación, sus enfoques difieren en algunos matices. Aróstegui pone énfasis en la infraestructura educativa y en el acceso a tecnología real como factor limitante principal, mientras que Latorre destaca la evolución del perfil profesional y la transformación de competencias.
Para este último, la electrificación no reemplaza la base mecánica tradicional: “El vehículo eléctrico sigue teniendo frenos, dirección, suspensión, etc, solo cambia la propulsión. Por eso no se puede decir que la mecánica quedó obsoleta”.

Desde su perspectiva, la formación ideal combina capacidades mecánicas con dominio de diagnóstico electrónico, uso de instrumentación y razonamiento lógico para detección de fallas.
Asimismo, resalta que el valor laboral de la especialización aún no se traduce en una diferencia salarial significativa debido a la baja demanda actual. “No hay diferencias significativas porque no hay mucha demanda, pero en maquinaria pesada, por ejemplo, ya se considera una especialidad importante”.
Pese a las limitaciones, la percepción general no es pesimista. Ambos entrevistados coinciden en que el país avanza, aunque sin la velocidad de mercados más desarrollados, tales como Chile y Colombia.
El interés de fabricantes por invertir en formación técnica y el crecimiento progresivo del parque electrificado son señales de consolidación futura. Sin embargo, el equilibrio entre oferta educativa, infraestructura y demanda de mercado será determinante.
En síntesis, el Perú aún no está plenamente preparado para producir técnicos especializados en reparación de vehículos eléctricos a gran escala, pero tampoco parte desde cero. La formación técnica evoluciona al ritmo de un mercado en construcción, donde academia, industria y Estado deberán trabajar juntos para cerrar brechas.
La electromovilidad no solo redefine la manera de conducir, sino también la manera de enseñar, aprender y trabajar en torno al automóvil. En ese sentido, la pregunta ya no es si el país formará especialistas, sino qué tan rápido logrará hacerlo antes de que la tecnología marque el paso.