Moverse por Lima puede convertirse en una prueba diaria de resistencia al estrés. Avenidas saturadas, semáforos interminables y trayectos que pueden duplicar o triplicar su duración forman parte de la rutina de miles de conductores. Sin embargo, el costo del tráfico no se mide solo en tiempo o estrés, sino también tiene consecuencias directas en la mecánica de los vehículos.
Para Benjamín Aróstegui, director de la Facultad de Ingeniería de Cibertec, el problema no es el tráfico en sí mismo, sino la manera en que esta circunstancia nos obliga a usar el carro. “Técnicamente, lo que deteriora el vehículo es el uso. El tráfico no malogra directamente un carro, pero sí genera un desgaste mucho más acelerado de sus componentes”, explica.
En otras palabras, un auto que pasa gran parte de su vida atrapado en embotellamientos sufre un tipo de uso muy distinto al de uno que recorre la misma distancia en carretera abierta.
En condiciones ideales, los sistemas mecánicos de un vehículo están diseñados para durar decenas de miles de kilómetros. Pero el tránsito pesado cambia las reglas del juego.“Cuando estás en tráfico estás constantemente acelerando, frenando y cambiando de marcha. Esa manipulación permanente de los componentes mecánicos hace que se desgasten más rápido”, señala Aróstegui.
Uno de los elementos que más sufre es el sistema de embrague en los vehículos con transmisión manual. Cada vez que el conductor pisa el pedal para avanzar unos metros y volver a detenerse, el sistema entra en fricción.
“Un mecanismo de embrague puede durar entre 50.000 y 80.000 kilómetros en condiciones normales. Pero si el vehículo pasa gran parte del tiempo en tráfico intenso, ese tiempo de vida se puede reducir incluso a la mitad”, advierte.
La diferencia se hace evidente cuando se comparan autos con el mismo kilometraje pero con tipos de uso distintos. “No es lo mismo un vehículo que llega a los 50.000 kilómetros manejado en el tráfico de Lima que uno que recorrió esa misma distancia en carretera. El desgaste acumulado es completamente diferente”, afirma el especialista.
El sistema de frenado también es uno de los grandes perjudicados en el tráfico urbano. Cada frenada implica fricción entre pastillas y discos, un proceso que inevitablemente genera desgaste. “En tráfico es acelerar, frenar, acelerar, frenar. Eso hace que las pastillas y los discos trabajen constantemente”, explica Aróstegui.
Este tipo de conducción es muy diferente a la de carretera, donde los vehículos pueden mantener una velocidad constante durante largos períodos. La consecuencia es que los componentes del sistema de frenos deben reemplazarse con mayor frecuencia. En algunos casos, incluso antes de lo previsto por el fabricante.
La transmisión es otro sistema que sufre especialmente en ciudades con tráfico intenso. En vehículos con caja manual, cada cambio de marcha implica movimiento de engranajes y piezas internas. En los embotellamientos, ese proceso se repite una y otra vez.
“Cuando estás avanzando en primera, segunda, y manipulando constantemente la caja de cambios, todos esos elementos están en fricción”, apunta Aróstegui. “Mientras más los uses, más rápido se van a desgastar”.
Incluso en transmisiones automáticas, donde el conductor no interviene directamente en los cambios, el sistema sigue trabajando de forma constante para adaptarse a las condiciones del tránsito.

El motor también experimenta un tipo de esfuerzo particular en el tráfico urbano. Aunque el vehículo avanza poco, el propulsor permanece encendido durante largos periodos. Esto genera ciclos constantes de aceleración y ralentí.
“En tráfico el motor no trabaja en su punto óptimo de funcionamiento. Está continuamente subiendo y bajando de revoluciones”, explica Aróstegui. Ese comportamiento puede generar mayor consumo de combustible y también un desgaste progresivo de algunos componentes internos.

Los sistemas de lubricación y refrigeración cumplen un papel clave para mantener el motor en buen estado. Pero el tráfico también influye en su desempeño.
Cuando el vehículo permanece detenido o se mueve a muy baja velocidad, el flujo de aire que ayuda a disipar el calor disminuye. Por eso los ventiladores del sistema de refrigeración deben trabajar más para mantener la temperatura adecuada.
Al mismo tiempo, el aceite del motor sigue circulando para lubricar las piezas internas, incluso cuando el auto está detenido con el motor encendido. “Todos esos sistemas están trabajando, aunque el vehículo prácticamente no se esté moviendo”, señala el especialista.
Una de las preguntas frecuentes es si las nuevas tecnologías pueden reducir este desgaste. Los autos híbridos, por ejemplo, cuentan con sistemas de frenado regenerativo que recuperan energía al desacelerar.
Sin embargo, Aróstegui aclara que esto no elimina completamente el desgaste mecánico. “Muchas veces se piensa que el frenado regenerativo reemplaza al sistema de frenos tradicional, pero no es así. Sigue existiendo un sistema mecánico con pastillas y discos que presionan para detener el vehículo”, explica.
La diferencia es que parte de la desaceleración se realiza mediante el motor eléctrico, lo que puede disminuir ligeramente el uso de los frenos. “Ayuda un poco, pero no elimina el desgaste”, añade.

El tráfico no solo afecta el funcionamiento del vehículo, sino también su valor en el mercado de segunda mano. Cuando un comprador evalúa un auto usado, uno de los factores clave es el historial de mantenimiento.
“Si un vehículo tiene 100.000 kilómetros y en su historial aparece que ya le cambiaron embrague, transmisión o varias piezas importantes, eso indica que ha tenido un uso muy exigente”, explica Aróstegui.
Ese tipo de antecedentes puede reducir el valor de reventa. “Cuando ves que un carro ha pasado por muchas reparaciones mecánicas importantes, inmediatamente entiendes que ha tenido bastante desgaste”, agrega.
Por eso, revisar los registros de mantenimiento es fundamental antes de adquirir un vehículo usado.
Aunque el tráfico en Lima parece inevitable, existen algunas prácticas que pueden ayudar a reducir el desgaste mecánico.
Una de las principales es evitar aceleraciones bruscas y frenadas innecesarias. También es recomendable mantener una distancia adecuada con el vehículo de adelante para evitar detenciones abruptas.
Además, respetar los intervalos de mantenimiento es clave para prolongar la vida útil de los componentes. El especialista recuerda que muchos problemas mecánicos pueden prevenirse con revisiones periódicas. “El mantenimiento oportuno siempre será la mejor forma de cuidar un vehículo”, señala.

En ciudades con tráfico intenso como Lima, el desgaste prematuro de los vehículos es casi inevitable. Sin embargo, comprender cómo funciona este proceso puede ayudar a los conductores a tomar mejores decisiones.
“El tráfico no malogra directamente el vehículo”, concluye Aróstegui. “Pero definitivamente hace que todos sus componentes trabajen más y, por lo tanto, se desgasten más rápido”. Al final, el carro también paga el precio de las horas perdidas en los embotellamientos.