El avance de los vehículos eléctricos en el Perú es innegable. Las cifras de ventas crecen, la oferta se diversifica y cada vez más marcas apuestan por introducir modelos electrificados en el mercado local. Sin embargo, este crecimiento viene acompañado de mitos que aún generan dudas entre los compradores.
¿Son realmente seguros? ¿Se pueden usar sin problemas en una ciudad como Lima? ¿Qué pasa con la batería, las lluvias en provincias o la falta de cargadores? Para responder a estas preguntas, conversamos con Julio Campos, gerente general de EVinka, quien no solo conoce el negocio desde dentro, sino que además utiliza vehículos eléctricos en su día a día.
Su punto de partida es claro: aún existe una brecha importante entre la percepción del público y la realidad del uso.
“Hay muchos mitos que vienen por desconocimiento. El problema es que la gente compara un auto eléctrico con uno a combustión bajo los mismos parámetros, y no son lo mismo”, explica Campos.
Uno de los temores más extendidos es el riesgo de incendio. Cada vez que un vehículo eléctrico protagoniza un incidente, las imágenes se viralizan rápidamente y generan alarma.
Para Campos, este es uno de los mitos más exagerados. “Un auto eléctrico no es más propenso a incendiarse que uno a gasolina. De hecho, en términos estadísticos, los vehículos a combustión registran más casos”, afirma.
El ejecutivo añade que la diferencia radica en la visibilidad de estos eventos. “Cuando ocurre con un eléctrico, se vuelve noticia global. Pero nadie reporta todos los incendios diarios de autos tradicionales”.
También aclara que las baterías actuales cuentan con múltiples sistemas de protección. “Los paquetes de baterías están diseñados para soportar impactos, sobrecargas y condiciones extremas. No es una tecnología improvisada”.
Otro de los mitos más comunes en el contexto peruano está relacionado con la lluvia y los aniegos, especialmente en ciudades donde el drenaje urbano puede fallar.
Campos descarta riesgos mayores en condiciones normales de uso. “Un auto eléctrico puede pasar por agua sin problema, siempre que se respeten los límites recomendados por el fabricante, igual que en cualquier vehículo”.
Además, enfatiza que los sistemas eléctricos están sellados. “No es que el agua entre y genere una descarga. Todo está protegido. Es más, muchos componentes están mejor aislados que en un auto convencional”.
En ese sentido, sostiene que el temor a la electrocución es infundado. “No hay riesgo de que un ocupante reciba una descarga por usar el vehículo bajo la lluvia”.
Si hay un factor que todavía condiciona la decisión de compra, ese es la autonomía. La idea de quedarse sin batería sigue siendo una de las principales barreras.
Campos reconoce que el tema genera preocupación, pero considera que muchas veces está sobredimensionado. “El peruano promedio no recorre más de 40 o 50 kilómetros al día. Con eso, cualquier auto eléctrico moderno tiene autonomía de sobra”.

Además, destaca que la carga doméstica cubre la mayoría de necesidades. “Puedes cargar en tu casa durante la noche. No necesitas depender siempre de una estación pública”.
Sin embargo, también admite que la infraestructura aún es limitada. “Todavía falta red de carga rápida, sobre todo fuera de Lima. Ese es un reto pendiente”.
Uno de los principales argumentos a favor de los autos eléctricos es el ahorro en combustible. En ese punto, Campos es contundente: “El costo por kilómetro es mucho más bajo que en un auto a gasolina”.
A ello se suma un menor mantenimiento. “No tienes cambios de aceite, menos piezas móviles, menos desgaste. Eso reduce costos en el tiempo”.
No obstante, introduce un matiz importante. “El precio de compra sigue siendo más alto. Entonces, el ahorro se ve en el largo plazo, no necesariamente al inicio”.
También advierte que el consumidor debe evaluar su uso. “Si alguien no recorre muchos kilómetros al año, tal vez no aproveche tanto el beneficio económico”.
Otro mito frecuente está relacionado con la vida útil de la batería. Existe la percepción de que se degrada rápidamente o que su reemplazo es inevitable en pocos años.
Campos aclara que esto no es así. “Las baterías actuales tienen una vida útil larga, y muchas marcas ofrecen garantías de ocho años o más”.

Sobre la degradación, señala que es gradual. “No es que de un día para otro pierdes autonomía. Es un proceso lento y predecible”.
Y respecto al reemplazo, enfatiza que no es una situación común. “No es algo que ocurra en el corto plazo. Además, la tecnología sigue avanzando y los costos tienden a bajar”.
Más allá de los mitos, Campos identifica los verdaderos desafíos del mercado peruano.
“El principal reto no es el vehículo, es el ecosistema”, afirma. En su opinión, la infraestructura de carga debe crecer al ritmo del parque automotor.
También menciona la necesidad de mayor capacitación técnica. “Se requiere más personal preparado para atender este tipo de vehículos, tanto en talleres como en servicios de emergencia”.
En ese sentido, considera que el país aún está en una etapa inicial. “Estamos avanzando, pero todavía falta para una adopción masiva”.
La respuesta, según Campos, es afirmativa parcialmente. Hay condiciones favorables, pero también limitaciones.
“El Perú tiene potencial para crecer en electromovilidad, pero necesita planificación. No basta con vender autos, hay que desarrollar todo el sistema alrededor”.
Aun así, se muestra optimista. “La tendencia es clara. Cada vez más personas entienden cómo funciona esta tecnología y pierden el miedo”.
Para Campos, el mayor cambio es cultural. “Antes el auto eléctrico era visto como algo lejano. Hoy ya es una opción real”. En ese proceso, la información juega un rol clave, ya que mientras más se conozca, menos espacio habrá para los mitos.
Su conclusión es directa: “El auto eléctrico no es perfecto, pero tampoco es lo que muchos creen. Es una alternativa válida que, bien entendida, puede adaptarse perfectamente al contexto peruano”.